“Como sociedad tenemos que
decidir dónde trazamos la línea entre justicia y paz, pero lo que sí es claro
es que la justicia no es obstáculo para la paz. ¿Cuánta justicia se debe
sacrificar en aras de la paz?, es la pregunta del millón”[1] Juan Manuel
Santos, Presidente de Colombia
En
declaraciones recientes, el Presidente de la República dijo que el país debe
decidir cuánto de justicia hay que sacrificar para lograr la paz, y, de esta
manera, ratificar que la justicia no debe ser obstáculo para la paz. Y el mismo
día, coincidencialmente, el general Manuel José Bonet, en representación de los
militares retirados, de todos los integrantes activos de las Fuerzas Armadas y
de los que actualmente están incursos en procesos judiciales o condenados por
delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra, salió a reclamar el principio
de simetría en los beneficios de un eventual proceso de paz con la insurgencia.
El tema no
es inoportuno si se entiende que en La Habana avanzan los diálogos para la
terminación del Conflicto Armado Interno y que en el orden del día de la agenda
acordada está el tema de las víctimas, quienes tiene una parte de la verdad de
lo que ha sido esta guerra y una de las cartas más importantes para jugar en el
posconflicto y en un proceso de reconciliación nacional.
Entonces,
es a ellas a quienes va dirigido el mensaje del Presidente, ya que de la
sociedad toda, las víctimas deberán decidir cuál es la cantidad de justicia que
están dispuestas a sacrificar para lograr la paz y avanzar hacia un horizonte
de reconciliación serio, sincero y duradero.
Días atrás,
en un evento de gran trascendencia, organizado por entidades internacionales a
solicitud del Gobierno y la guerrilla de las Farc-Ep para recoger propuestas de
la sociedad civil frente al proceso de paz, y que pretendía que los
participantes contribuyeran con propuestas para que la sociedad y el Estado
definan un conjunto de garantías a los grupos armados para que abandonen las
armas como medio de lucha política, ayuden a reconstruir el país aportando su
parte de verdad frente a los hechos y acepten una justicia digna y
satisfactoria para las víctimas y sobrevivientes; y se comprometan a la no
repetición mediante un acuerdo de paz sólido y definitivo; se notaron, con
mucha tristeza y preocupación, las deficiencia que hay entre la mayoría de los
voceros de las víctimas para mirar más allá de lo que hay o no hay en este
momento y de lo que ha hecho y no ha hecho el Estado en temas de reparación
económica por vía administrativa, en materia de memoria y verdad, para no decir
de la gran decepción e indignación ante lo que se conoce como el proceso de
“justicia y paz” de los paramilitares en el gobierno de Uribe, donde no hubo
desmovilización, ni verdad, ni justicia, ni reparación y de lo cual no quedó
absolutamente nada como ejemplo para copiar en el proceso con la insurgencia.
Un gran
desconocimiento de las alternativas jurídicas para la transición de la guerra a
la paz (justicia transicional), de los procesos de reconstrucción de la verdad
histórica o de las condiciones fundamentales de una reconciliación nacional
consistente y sostenible; acompañado de un dramático cuadro, muestras desesperadas
de la necesidad de catarsis, de contar su historia personal y sentirse
escuchadas, pedir ayuda para agilizar, o incrementar la cuantía de la
reparación económica, prevenir o evitar ser revictimizadas, maltratadas,
humilladas por funcionarios públicos torpes, sin formación, ni vocación ni
voluntad para atender a las víctimas de manera oportuna, adecuada, respetuosa y
responsable. A diferencia de ASFADES, MOVICE, los Sobrevivientes de la UP, y de
algunos representantes de organizaciones de población desplazada, que le
apuestan a un horizonte político de reconciliación entre todos los colombianos,
que asumen con esperanza lo que se discute en La Habana y que tienen absoluta
claridad sobre lo que no se debe poner en una mesa de diálogo entre guerreros,
porque es un asunto que la sociedad colombiana, toda, debe asumir para
exorcizar el ciclo de la violencia política en Colombia y no como un asunto
exclusivo entre las partes de la guerra, o sea el gobierno y la guerrilla.
Parecería
entonces que algunos estamos presionando para acelerar los procesos y saltarnos
etapas indispensables, y pasar a la fase (última) de la reconciliación, sin
reparación, sin justicia, sin verdad, sin memoria, pero no es así. Se trata
como bien lo dijeron algunos representantes de las organizaciones de víctimas y
algunas organizaciones defensoras de las víctimas: de que es necesario
diferenciar con claridad y no confundir los términos y las etapas a la hora de
definir el papel de las víctimas en los procesos de paz y en el posconflicto si
queremos que haya paz para todos y esa paz dure para siempre: memoria, verdad,
justicia y reparación son partes de un todo, pero se deben entender y definir
en sí mismas e independiente de las demás, para acordar o establecer de común
acuerdo los mínimos éticos posibles y aceptables que faciliten la transición de
la horrible noche de la guerra a un nuevo amanecer de reconstrucción de nuestra
identidad y unidad nacional, de reconciliación y convivencia pacífica entre
todos los colombianos.
Así las cosas,
es necesario que víctimas y responsables de la violencia puedan definir lo que
para cada uno significa cada unos de estos términos y la materialización o
realización de ellos: Memoria histórica, comisión de la verdad, reparación
integral, garantía de no repetición, derechos de las víctimas, horizonte de
reconciliación y acordar los mínimos posibles para que haya transición, para
que podamos transcender a un estadio que elimine todas los riesgos de
repetición o venganzas. Concertar un proceso que nos permita hacer que el
horizonte de reconciliación esté más cerca y posible, sin confusiones, sin
ambigüedades, sin suposiciones de lo que no es obvio, ni claro. Entonces como
dijo el Representante de las Naciones Unidas en Colombia, debemos “asumir y
entender la justicia como un mecanismo para construir un nuevo escenario para
la reconciliación”.
Pero
también es cierto que no se puede actuar sin generosidad y sin visión, sin
responsabilidad histórica frente al futuro, sin aprovechar la que quizás sea la
última oportunidad que tenemos los colombianos para trascender los siglos de
una historia de guerras a una apuesta común más esperanzadora.
Mirar los
temas de Justicia y Verdad desde las víctimas es indispensable para entender el
desafío de la paz, el posconflicto y la reconciliación. Sin embargo, las
víctimas debe hacer lo propio para mantener sus exigencias y la reivindicación
de sus derechos en perspectivas del posconflicto y la reconciliación, de lo
contrario no hay paz, no hay verdad, no hay justicia y terminaremos en una
guerra perpetua que no tenga fondo, para desgracia de todos. Eh ahí el dilema
más grande para las víctimas, si quieren apostarle a una salida digna a este
conflicto armado que nos duele a muchos, y que sólo usufructúan unos cuantos.
Las metodologías
de consulta aplicadas en los encuentros o mesas realizados no sirven para
abordar una discusión de tanta trascendencia, por la responsabilidad, la
generosidad, la visión de futuro y la madurez política que exige para construir
y concertar propuestas que incluyan o representen a los 45 millones de
colombianos; y por la heterogeneidad de expectativas e intereses, las grandes
brechas y niveles de conciencia y vocación política y la visión de futuro de
unos y otros. Atreverse a mirar por encima de los escombros y divisar el mañana
con más esperanza, con certeza y convicción profunda que debemos y podemos
lograrlo, requiere de procesos de información, educación y comunicación pública
amplios y efectivos para que nos pongamos de acuerdo en lo que entendemos y
queremos cuando hablamos de paz, derechos de las víctimas, memoria, verdad,
justicia, reparación, garantías de no repetición y reconciliación nacional,
pero sobre todo para que construyamos unos mínimos éticos que nos permitan
tener nuevos y mejores conflictos como decía el maestro Estanislao Zuleta,
tener la certeza de que juntos podemos pasar la página. Entonces, es válido
recordar el valor ético de un hombre y mensaje visionario en medio de la
adversidad, el profeta de los derechos civiles y políticos de los negros en
Estados Unidos con su sermón de la montaña, un día antes de su asesinato:
“Bien, no
sé qué sucederá ahora; hay días difíciles por venir. Pero no es importante para
mí ahora, porque he subido a la cima. Y no me preocupo. Como cualquier otra
persona, me gustaría tener una vida larga, en que la longevidad tenga su lugar.
Pero eso no me preocupa ahora. Sólo quiero hacer la voluntad de Dios. Él me
permitió subir a la cima de la montaña. Y desde ahí pude ver la Tierra
Prometida. Puede que no llegue ahí con ustedes. Pero quiero que sepan esta
noche que nosotros, como pueblo, llegaremos a la Tierra Prometida. Y estoy
feliz esta noche; no estoy preocupado por nada; no tengo temor a ningún hombre.
Mis ojos han visto la gloria del advenimiento del Señor”[2].
Sin
embargo, parecería que una es la agenda, las urgencias y las dimensiones que
tienen las partes de la mesa y sus facilitadores metodológicos y otras muy
distintas las de las víctimas del conflicto armado interno. Parecería que hay
dos sociedades, dos manera de ver el mundo, el pasado (las causas del
conflicto) el presente (la guerra y sus consecuencias) y el futuro (el
posconflicto, la reparación, la transición y la reconciliación nacional), que
no se encuentran, que no se entienden, que no se escuchan. Como hablando en
frecuencias distintas. Ese es el dilema de las víctimas, cómo juntar un país
dividido, polarizado, invadido de odios y justificaciones en un espiral de
venganzas y retaliaciones, una historia de infamias que nos han negado ser un
pueblo digno de admiración para el mundo. Ese es el desafío, víctimas en el
conflicto, actores políticos en el posconflicto, protagonistas de la
reconciliación nacional.
Medellín,
mayo de 2013.
Álvaro Efrén Córdoba Obando
Socio – Corporación Nuevo Arco Iris
Director Regional
Viva la ciudadanía – Antioquia.
Alvarocordoba50@hotmail.com
Álvaro Efrén Córdoba Obando
Socio – Corporación Nuevo Arco Iris
Director Regional
Viva la ciudadanía – Antioquia.
Alvarocordoba50@hotmail.com

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