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Mayo 8, 2015
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La Habana, Cuba,
sede de los diálogos de paz, mayo 7 de 2015
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Hemos llegado al
final del ciclo 36 de conversaciones cumpliendo a cabalidad con el espíritu y
la letra del Acuerdo General de La Habana, con lo que reiteramos nuestra
voluntad de alcanzar la reconciliación nacional. Lo que está a la orden del día
es lograr al fin, las reformas dirigidas a superar la grave crisis
institucional y social que padece la nación colombiana.
Nuestro anhelo es
lograr una paz creadora y reparadora en la que quepamos todos y se reconozca la
principal responsabilidad del Estado, por acción o por omisión, y los diversos
grupos y organizaciones de victimarios acepten sus errores, para satisfacción
plena de las víctimas.
Una paz construida entre adversarios que garantice el nunca más; una paz sin vencedores ni vencidos, colocando como horizonte la Asamblea Nacional Constituyente que permita enaltecer la dignidad de la persona humana, renovar y estabilizar las instituciones e introducir mecanismos que pongan coto a la corrupción rampante; que fortalezca las regiones e impulse el reordenamiento territorial y amplíe los mecanismos de participación democrática con justicia social.
Una paz construida entre adversarios que garantice el nunca más; una paz sin vencedores ni vencidos, colocando como horizonte la Asamblea Nacional Constituyente que permita enaltecer la dignidad de la persona humana, renovar y estabilizar las instituciones e introducir mecanismos que pongan coto a la corrupción rampante; que fortalezca las regiones e impulse el reordenamiento territorial y amplíe los mecanismos de participación democrática con justicia social.
Llegó la hora de la
verdad. Llegó la hora de la Constituyente. Una Constituyente que sirva de
bálsamo para las dolencias nacionales, de candado jurídico definitivo, de
garantía a la seguridad personal y colectiva, de buen vivir para todos, y sea
la base para emprender una nueva era de transformaciones sociales, tomando en
cuenta que son las víctimas y sus intereses las que una vez más hemos tenido
presentes.
Todas nuestras
propuestas para la construcción de una nueva Colombia sin víctimas, han sido
puestas sobre la mesa de manera oportuna y suficiente. La mora por
la resolución de estos asuntos, no se nos puede imputar. Urgimos a nuestra
contraparte a que se pronuncie. Necesitamos avanzar. Hacerlo es de interés
nacional.
Al lado del punto
víctimas, venimos tratando aspectos del “Fin del Conflicto”; nos referimos
concretamente al cese bilateral de fuegos y a la dejación de armas. Se trata de
no utilizarlas como instrumento del quehacer político, buscando su
silenciamiento –ya lo hemos dicho-, y estableciendo, caminos eficaces que
conduzcan a la desmilitarización de la sociedad y al racional uso de ellas por
parte del Estado, como aspecto propio de la normalización de la vida nacional.
De la misma manera
hemos proseguido con el estudio y preparación, con compromisos mutuos, de una
agenda de descontaminación del territorio de artefactos explosivos, lo cual
sumado a la decisión de las FARC-EP de seguir manteniendo el cese unilateral de
fuegos y hostilidades ofensivos, de manera indefinida, deja entrever que se van
allanando obstáculos antes considerados insalvables.
Se ha insistido,
porque así está pactado y es necesario, en integrar la comisión que esclarezca
el fenómeno del paramilitarismo. No se trata entonces de una necedad, sino de
atender fielmente uno de los compromisos suscritos en el Acuerdo General.
Otra necesidad es
la de enfocarnos en el estudio, evaluación y alcance de los informes presentados
a la Mesa de Diálogo de La Habana por la Comisión Histórica del Conflicto y sus
Víctimas. No podemos permitir que dichos informes se dejen calculadamente de
lado, cuando de sus conclusiones se desprenden responsabilidades clarísimas
para ser atendidas en el punto de víctimas; más, cuando se ha dicho que estos
insumos, son fundamentales para llegar al entendimiento de esta temática.
A casi un año de
haberse iniciado los debates sobre Víctimas, y luego de convenir principios de
discusión, haber realizado foros y audiencias en los que se escuchó la voz que
expresaba los dolores de la guerra, pero también las esperanzas de
reconciliación, y luego de colocar como insurgencia, en conocimiento de la
opinión nacional y sobre la Mesa de Diálogos, más de 200 propuestas que recogen
los anhelos de las víctimas del conflicto, tenemos la aspiración de que el
próximo ciclo 37 traiga la buena nueva de la creación de la Comisión de
Esclarecimiento de la Verdad.
Por último,
queremos manifestar con toda claridad que la solicitud que hemos venido
haciendo, y que seguiremos formulando hasta que sea atendida, en el sentido de
que se den a conocer las actas de los consejos de ministros, secretas desde los
años 20 del siglo pasado, y demás archivos que contengan documentos de
inteligencia de los diversas agencias del Estado, sin importar su instancia o
procedencia, no corresponde a un mero capricho o simple terquedad. No se puede
conocer la verdad si esta se mantiene escondida. Sin información y
esclarecimiento no hay verdad. Sin verdad, quedarán víctimas por fuera del
alcance de la historia; y la reparación sería selectiva, incompleta. Paz sin
verdad es imposible. Post-acuerdo sosegado, tranquilo, sin verdad, es
imposible.
Insistimos en la
conveniencia de tener en cuenta la doctrina del Margen Nacional de Apreciación,
porque ella coloca en manos de los colombianos la posibilidad soberana de
convenir fórmulas de reconciliación.
¿Quiénes son los
responsables del exterminio del movimiento político Unión Patriótica? ¡Que se
abran los archivos!

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