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Era el 9 de abril de 1948, 1:00 p.m., y el caudillo y líder del Partido
Liberal Jorge Eliécer Gaitán salía de su oficina en el cuarto piso en la
tradicional Avenida Jiménez del centro histórico de Bogotá ubicada al frente de
la sede del diario ‘El Tiempo’. Se le atravesó un
hombre que lo trancó y otro vino por detrás y disparó 3 tiros: uno en el cerebro
y dos en la espalda. Fue herido mortalmente y cuando llegó a la clínica no
había nada qué hacer. La historia de Colombia se vio
cobardemente trastocada.
La policía capturó de inmediato a un sospechoso, Juan Roa Sierra, quien
estaba en las inmediaciones, pero una turba salió gritando “mataron a Gaitán,
mataron a nuestro líder, el más grande que tenemos en la historia”. Entonces lo
agarraron, lo golpearon, lo masacraron, lo desnudaron y lo arrojaron frente al
Palacio presidencial. Se produjeron saqueos, incendios, la policía y el
ejército disparaban, se alzó la gente en los principales estados y todo el país
se volvió loco.
Ese fue el tristemente célebre Bogotazo, el resultado de
un asesinato al que muchos atribuyeron a la oligarquía temerosa de que Gaitán
lograra la presidencia en las elecciones de 1950. Gobernaba entonces Mariano
Ospina Pérez, del Partido Conservador y Colombia era un país de próspera
economía gracias al boom del café, aunque donde el obrero, el campesino y las
clases menos favorecidas recibían salarios de hambre y maltratos. Gaitán
–poseedor de una feroz oratoria- decía que “la tierra es de quienes la
trabajan”, una propuesta totalmente distinta a la de los tradicionalistas
Partido Liberal (su propio partido) y Partido Conservador, los dueños de la
política colombiana durante toda su historia.
SE PERDIÓ LA ESPERANZA
Con Gaitán muerto, los líderes rurales del Partido Liberal, asediados por paramilitares, creyeron que no había opciones políticas. Así empezó a gestarse la guerrilla: miles de hombres se agrupaban en zonas liberadas de Boyacá, Tolima, Cundinamarca, Huila, Caldas, a quienes también se sumaban facciones del Partido Comunista Colombiano. Empezó a crecer la figura de Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda, quien logró hacerse líder de un territorio sin control del departamento de Tolima: la República de Marquetalia. Allí, ‘Tirofijo’ (llamado asi por su buena puntería) intentaba formar con los perseguidos un ejército para defender a toda costa sus ideales.
Con Gaitán muerto, los líderes rurales del Partido Liberal, asediados por paramilitares, creyeron que no había opciones políticas. Así empezó a gestarse la guerrilla: miles de hombres se agrupaban en zonas liberadas de Boyacá, Tolima, Cundinamarca, Huila, Caldas, a quienes también se sumaban facciones del Partido Comunista Colombiano. Empezó a crecer la figura de Pedro Antonio Marín, alias Manuel Marulanda, quien logró hacerse líder de un territorio sin control del departamento de Tolima: la República de Marquetalia. Allí, ‘Tirofijo’ (llamado asi por su buena puntería) intentaba formar con los perseguidos un ejército para defender a toda costa sus ideales.
“No es casual que de aquella década de violencia nacieran las
posteriores guerrillas políticas que, levantando las banderas de la revolución
social, llegaron a ocupar y controlar extensas zonas del país. Los campesinos,
asediados por la represión, emigraron a las montañas y allí organizaron el
trabajo agrícola y la autodefensa”. (Eduardo Galeano, Las Venas Abiertas de América
Latina)
LA OPERACIÓN MARQUETALIA
Ya en los 60, cuando los tradicionales partidos Liberal y Conservador habían firmado “la paz” y se repartían el poder en partes iguales (gobernaba Guillermo León Valencia), se identificó esta ‘república independiente’, se supo que andaban armados y se destinó, 5.000 hombres al mando del general José Joaquín Matallana para abatir a los rebeldes.
“El 14 de junio de 1962 tomamos Marquetalia. Estoy orgulloso de esa operación desde el punto de vista militar (usaron infantería, artillería, helicópteros y aviones). Pero, ¿qué pasó? Ese día, se transformó el movimiento agrario de autodefensafijo en un territorio remoto en
la guerrilla móvil que hoy se llama, Fuerzas Armadas Revolucionarias de
Colombia”, reconoció algunos
años después Matallana, ya en el retiro.
Las FARC, fundada con ese nombre poco después, se autoproclamaría marxista-leninista por su asociación al partido de esta ideología. Durante décadas infunde el temor al país con sus atentados y secuestros, y trabaja en gran parte con financiamiento del narcotráfico. La lucha histórica gubernamental con paramilitares ha dejado miles de muertos inocentes. Hoy, casi medio siglo después, el presidente Juan Manuel Santos cambia la estrategia de la guerra –impulsada hasta el gobierno de su antecesor, Álvaro Uribe, e intenta negociar la paz a través del diálogo con un grupo nacido ante la ausencia del mismo. FUENTE DIARIO EL COMERCIO DE PERU.
Ya en los 60, cuando los tradicionales partidos Liberal y Conservador habían firmado “la paz” y se repartían el poder en partes iguales (gobernaba Guillermo León Valencia), se identificó esta ‘república independiente’, se supo que andaban armados y se destinó, 5.000 hombres al mando del general José Joaquín Matallana para abatir a los rebeldes.
“El 14 de junio de 1962 tomamos Marquetalia. Estoy orgulloso de esa operación desde el punto de vista militar (usaron infantería, artillería, helicópteros y aviones). Pero, ¿qué pasó? Ese día, se transformó el movimiento agrario de autodefensa
Las FARC, fundada con ese nombre poco después, se autoproclamaría marxista-leninista por su asociación al partido de esta ideología. Durante décadas infunde el temor al país con sus atentados y secuestros, y trabaja en gran parte con financiamiento del narcotráfico. La lucha histórica gubernamental con paramilitares ha dejado miles de muertos inocentes. Hoy, casi medio siglo después, el presidente Juan Manuel Santos cambia la estrategia de la guerra –impulsada hasta el gobierno de su antecesor, Álvaro Uribe, e intenta negociar la paz a través del diálogo con un grupo nacido ante la ausencia del mismo. FUENTE DIARIO EL COMERCIO DE PERU.

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